jueves, 23 de marzo de 2017

Mujeres...


La mujer reposaba en el pecho fornido de aquel aventurero, no tenía idea de que esa primera infidelidad de su vida la estaba cometiendo por vez décima, mucho menos llegaría a imaginar que esa primera vez se iba a repetir muchas veces más, pero es que ¿quién era ese hombre?, ¿cómo podía saber tanto de ella, de sus gustos, de sus puntos débiles?, ¿cómo podía ser tan diferente? No parecía simplemente venir de otras latitudes, parecía más bien de otro mundo, de otra realidad.

     Luego de un rato, el hombre despertó, se colocó su pantalón y sus zapatos que eran su única indumentaria. La mujer, aún desnuda, lo miraba desde la cama cubierta precariamente con una sábana, inspeccionaba los tatuajes que cubrían la espalda, los brazos y el pecho del hombre, este, mientras tanto, se acomodaba un poco la melena para ponerse su pañoleta.
     —¿Volverás? —preguntó suavemente la mujer.
     Él se giró, la miró con calidez por un instante, le dio un pequeño beso.
     —Siempre volveré —le dijo finalmente.
     —¿Por qué no me llevas contigo? —preguntó ella con ánimo—, odio este lugar, odio a mi marido, odio todo, llévame contigo, sé que es muy pronto para decirlo, pero me siento enamorada…
     —Lo siento… es complicado…
     —¿Por qué?, no nos tomará nada, sólo desaparecer y… —en ese momento se escuchó la puerta de la casa abrirse, la mujer se asustó y habló rápidamente en voz baja—, ¡mi marido, rápido, escóndete!
     —No me esconderé —habló el hombre tranquilo.
     —¡Qué?, ¡Ed, por favor!, ¡que está armado! ¡Si nos ve nos matará a los dos!
     —Bueno, en parte esto es tu culpa por haberte casado con un tipo que después vaya a quererte matar.
     —¡No me eches la culpa! ¿Cómo mierdas iba a saberlo?
     —¡Pero si hasta tiene una pistola! ¡Qué más pruebas necesitas?
     «¡Cariño! —se escuchó la voz de fondo—, ¿será que esta noche quieres…» la puerta de la habitación se abrió, el marido calló, miró a Ed, observó el cuadro, sus ojos ardieron de rabia y sin decir nada se giró y corrió en dirección a la sala, Ed tras él y la mujer envuelta en su sábana también salió del cuarto.

viernes, 10 de marzo de 2017

El dragón dorado


Caminaba con paso firme por el pasillo del palacio, su mirada felina reflejaba una rabia implacable en la que se intentaba ocultar, sin mucho éxito, un temor abrumador. Sus pasos clamaban un eco sordo. No dirigió su mirada a ningún lugar que no fuera al frente, pero sabía que entre las sombras merodeaban los gárdiyans del kai Kefali. Finalmente llegó al frente de una plataforma de tres escalones, en medio de esta estaba parado, de espaldas y con los brazos cruzados, un hombre mirando por el inmenso ventanal del fondo que no reflejaba más que oscuridad y algunos luceros tenues de diversos colores que nadaban en esa penumbra, apareciendo y desapareciendo.
     —Hola, Raan Suu… —habló el kai con cierto tono que no se sabía si era el preludio de una cólera desquiciada o algo peor.
     —Gran kai —dijo Raan quitándose el sombrero, se inclinó rodilla en tierra.
     —Levántate Raan —dijo el kai con sinuosa calidez—, saltémonos las formalidades por un momento… habla...
     Raan se levantó con temor, miró mudo al kai que aún le daba la espalda. El silencio era intenso.
     —Vimos a Jackirid, el sombrero, el dibujante y un muchacho en la Gruta de las Rocas, estuvimos a punto de atraparlos pero en último instante escaparon por un portal —Raan hizo una pausa con temor esperando alguna respuesta, nada—. Luego fuimos informados, por un ka vigía, que los vio en el camino al Dolina Snova      
—el kai sin decir nada bajó los brazos y se tomó las mano por detrás, Raan sintió como si una oscuridad comenzaba a arroparlo, notó la presencia de los gárdiyans muy de cerca, se sentía abrumado.
     —¿Y qué pasó? —preguntó el kai.
     —Lle-llegamos —ya no podía ocultar su temor—, pero sólo algunos guerreros ka alcanzaron a ver al muchacho saltar por el muelle. Jackirid y los demás ya no estaban allí, asumo que también habrán saltado. Dudo mucho que pudieran salvarse —la oscuridad empezaba a nublar a Raan y el miedo lo invadía, sentía que se estaba ahogando, el kai ni se inmutaba.
     —¡Gran kai! —se escuchó un grito al fondo del pasillo.
     El kai se giró con rabia mostrando su aspecto mefistofélico realzado por el deel negro que lucía, miró, era un guerrero ka, Raan Suu se ahogaba envuelto por tres pequeñas nubes negras que revoloteaban a su alrededor, el kai hizo un leve gesto y el guerrero se acercó a toda velocidad. Postrado frente al kai hablo.
     —Gran kai todopoderoso, el muchacho ha sido visto en la taberna en estado de inconciencia con el mago y los demás —habló el guerrero con diligencia.
     Raan Suu cayó al suelo tosiendo incesantemente y los tres gárdiyans que lo atormentaban se alejaron; el kai sonrió mirándolo con desdén:
     —Parece que tendrás otra oportunidad, Raan Suu —dijo dándole la espalda de nuevo, cruzó los brazos y se quedó mirando al ventanal nuevamente—, confío en que no me volverás a fallar… pero, esta vez te ayudará una persona que te resultará algo… familiar…
     De entre las sombras emergió, desbordando sensualidad, una hermosa rubia de semblante audaz y vulpino.
     —Fiovana… —dijo Raan Suu por lo bajo, jadeando.