"Los verdaderos amigos te apuñalan de frente", Oscar Wilde
Eduard
sacó un cigarrillo de la caja de Marlboro, lo llevó a sus labios, pero no lo
encendió, la rabia lo consumía. Miró un rato el paisaje con indiferencia
mientras tarareaba suavemente el final de la canción Crimen de Gustavo Cerati ♪♫… Y
otro crimen quedará…♪♫,
atardecía con hastío, ♪♫… Otro crimen
quedará…♪♫ la
carretera no parecía tener fin ♪♫… sin
resolver…♪♫, «Hay que
echar gasolina» comentó Steward sin ocultar su molestia, que tenía el turno al
volante, «No debemos estar muy lejos de una estación de servicio» respondió el
otro indiferente sin quitarse el cigarrillo de la boca. Silencio. La
expectativa latente de cuál sería el siguiente tema en la reproducción
aleatoria. De pronto, el lamento de una guitarra que creía comprender el mundomás de lo necesario cortó la yugular del silencio y tras ella se unieron unabatería, un bajo y otra guitarra, «Ufff… mi
favorita del Artaud, definitivamente… ♪♫Toda, toda la ternura me
darás♪♫» cantó Eduard suavemente para sí mismo. «Esto se merece
un cigarrito» comentó Steward dejando de lado su mal humor ♪♫Si te ofrezco ser
parte de tu cuerpo♪♫, Eduard se animó también, sacó otro cigarrillo de la
caja, se lo llevó a los labios, sacó el yesquero del bolsillo y prendió los dos
cigarros a la vez. Le entregó el cigarro a su amigo.
El ambiente comenzó a tomar otro cariz ♪♫Y ya al acariciarme me darás los espejos que son de tu
día del alma♪♫, Steward subió el
volumen y coreó con ganas ♪♫Mientras oigo
trinos voces oigo más, son aquellos los dioses nos escuchaban♪♫, Eduard se animó aún más y se unió al canto, ambos en
renovada amistad cantaron el coro a todo pulmón ♪♫No estoy atado a ningún sueño ya, las habladurías del
mundo, no pueden atraparnos, no, no, no♪♫ Y cantando, riendo y fumando, cuando menos lo esperaron llegaron a una
gasolinera. Steward llenaba el tanque de la van, mientras Eduard iba a comprar
otra caja de cigarros y un six-pack de curdas.
«¡Hey!» llamó Eduard a Steward y
le lanzó una cerveza, bebieron recostados del auto mientras se terminaba de
llenar, «Viejo, discúlpame la vaina, de verdad no quise hacerte sentir mal»
comentó Steward con cierto pesar, «Tranquilo, bro, no pasa nada» dijo Eduard
para ambos, «Bueno, ya vengo, voy a mear» dijo Steward y se retiró.
«El muchacho de la tienda me dijo que hay un hotel a unas cinco millas de aquí» comentó Steward al regreso, se montó de copiloto, Eduard ya había encendido la van, «¿Trajiste la fiesta?» preguntó Eduard, «Dormirás como un bebé» dijo Steward tras una risa. «Genial... ja, ja, dale, súbele a esa vaina» y animados arrancaron, cantando juntos a un suave ritmo funky ♪♫… no soy…un Dios… ni un desvelado Morfeo para entrar en tus sueños, tan solo… aquí…estoy…♫♪...

