martes, 14 de febrero de 2017

El sueño


"Los verdaderos amigos te apuñalan de frente", Oscar Wilde

Eduard sacó un cigarrillo de la caja de Marlboro, lo llevó a sus labios, pero no lo encendió, la rabia lo consumía. Miró un rato el paisaje con indiferencia mientras tarareaba suavemente el final de la canción Crimen de Gustavo CeratiY otro crimen quedará…, atardecía con hastío, ♪ Otro crimen quedará… la carretera no parecía tener fin ♪sin resolver…, «Hay que echar gasolina» comentó Steward sin ocultar su molestia, que tenía el turno al volante, «No debemos estar muy lejos de una estación de servicio» respondió el otro indiferente sin quitarse el cigarrillo de la boca. Silencio. La expectativa latente de cuál sería el siguiente tema en la reproducción aleatoria. De pronto, el lamento de una guitarra que creía comprender el mundomás de lo necesario cortó la yugular del silencio y tras ella se unieron unabatería, un bajo y otra guitarra, «Ufff… mi favorita del Artaud, definitivamente… ♪Toda, toda la ternura me darás♪» cantó Eduard suavemente para sí mismo. «Esto se merece un cigarrito» comentó Steward dejando de lado su mal humor Si te ofrezco ser parte de tu cuerpo♪, Eduard se animó también, sacó otro cigarrillo de la caja, se lo llevó a los labios, sacó el yesquero del bolsillo y prendió los dos cigarros a la vez. Le entregó el cigarro a su amigo.
     El ambiente comenzó a tomar otro cariz Y ya al acariciarme me darás los espejos que son de tu día del alma♪, Steward subió el volumen y coreó con ganas Mientras oigo trinos voces oigo más, son aquellos los dioses nos escuchaban♪, Eduard se animó aún más y se unió al canto, ambos en renovada amistad cantaron el coro a todo pulmón No estoy atado a ningún sueño ya, las habladurías del mundo, no pueden atraparnos, no, no, no♪ Y cantando, riendo y fumando, cuando menos lo esperaron llegaron a una gasolinera. Steward llenaba el tanque de la van, mientras Eduard iba a comprar otra caja de cigarros y un six-pack de curdas.
     «¡Hey!» llamó Eduard a Steward y le lanzó una cerveza, bebieron recostados del auto mientras se terminaba de llenar, «Viejo, discúlpame la vaina, de verdad no quise hacerte sentir mal» comentó Steward con cierto pesar, «Tranquilo, bro, no pasa nada» dijo Eduard para ambos, «Bueno, ya vengo, voy a mear» dijo Steward y se retiró.
     «El muchacho de la tienda me dijo que hay un hotel a unas cinco millas de aquí» comentó Steward al regreso, se montó de copiloto, Eduard ya había encendido la van, «¿Trajiste la fiesta?» preguntó Eduard, «Dormirás como un bebé» dijo Steward tras una risa. «Genial... ja, ja, dale, súbele a esa vaina» y animados arrancaron, cantando juntos a un suave ritmo funky ♪♫… no soy…un Dios… ni un desvelado Morfeo para entrar en tus sueños, tan solo… aquí…estoy…♫♪...

miércoles, 1 de febrero de 2017

El encuentro


Veher intentaba explicarle a Jackirid en donde vio al muchacho, pero el mago, entre la emoción y el desespero casi no dejaba hablar a su amigo, por lo que la explicación fue poco útil y la conversación se desarrolló torpemente, hasta que Veher, resignado, dijo «Maese Jackirid, olvídelo, no perdamos más el tiempo, ya abro el portal», el mago esbozó una sonrisa pícara, como si hubiese escuchado lo que quería.
     «¡Apártense!» exclamó Veher; Jackirid dio un paso atrás con aire digno, el cantinero detrás de la barra observaba todo el cuadro, sin inmutarse y hasta con cierta indiferencia, mientras limpiaba por enésima vez un vaso de vidrio. Veher sacó de su camisa un pincel, susurró unas palabras, la punta de pincel comenzó a brillar, dibujó unos símbolos en el aire, de pronto un hoyo negro con destellos azules apareció delante de ellos haciéndose cada vez más grande, una brisa inusitada y muy fuerte inundó el lugar, el cantinero seguía impertérrito, indiferente, cruzó miradas con Jackirid, «¡Maese Jackirid! ¡Vámonos!» gritó Veher; Jackirid, en el duelo de miradas, logró arrebatar de la barra la botella de ron de la que estaba bebiendo antes de que el cantinero pudiera, siquiera, acariciarla con los dedos «¡Ya te pagaré, buen hombre! ¡Nos veremos pronto!» dijo Jackirid levantando su botella a su salud, se giró, caminó con paso firme y saltó al portal, Veher fue tras él y luego de un instante el portal se cerró.

     La brisa cesó, el cantinero maldijo por lo bajo a Jackirid por hacerse ido sin pagar… de nuevo. Mientras tanto en el rincón menos iluminado de la taberna, se dibujaba una silueta oscura sentada con un sombrero de ala ancha de medio lado, de gesto inclemente y mirada felina, con un único trago servido desde hacía un par horas sin haber sido probada una sola gota de su contenido en todo ese rato. «Creo que ya vi suficiente» se dijo a sí mismo. La figura se levantó, se bebió el trago a fondo, dejó tres monedas en la mesa y caminó con paso tranquilo hacia la salida, mientras encendía un cigarrillo.