Una
hoja de papel hecha pelota rodó hasta debajo de la cama, allí se juntó con otras
más que hacía tiempo contaban la historia de cómo fueron rechazadas por el
entusiasta escritor novato que moraba en esa habitación; una de las hojas se
lamentaba, particularmente, por haber sido rechazada sin siquiera tener una letra
escrita.
El muchacho se levantó de su asiento, caminaba
de un lado a otro frente al escritorio observando casi con rabia la hoja en
blanco que allí reposaba. Las musas se habían ido a pasear y se culpaba de
haber olvidado alguna idea que consideraba buena para el desarrollo de la
historia, todo gracias a la pereza de tomar notas cuando el sueño hace mella y
la cama está más cómoda. Intentaba recordar cómo era que resolvía el problema
del capitán en el burdel, el destello la noche anterior le había parecido
genial, no lo recordaba cómo era pero podía apostar a que era genial.
Finalmente, y con gran pesar, decidió
dejar la aventura del capitán así por ese día. Se sentía muy cansado. Y ese
ejercicio de casi masturbar su imaginación para recordar algo que había
olvidado ya no le hacía gracia, especialmente por el hecho de que no era la
primera vez que le pasaba, sumado a la rabia que tenía porque sentía que su
historia podía estar mucho mejor de no ser por ese pequeño inconveniente.
Ya acostado, entre la vigilia y el sueño,
casi sintió recordar algo, ¿o será una
nueva idea?... un conflicto con unos dioses... o un monstruo… ¿o todos?... no
está mal… esta vez voy a tomar nota…
tomaría nota… ¿nota de qué?... de
eso… hay un papel en blanco debajo de la
cama… el lápiz está en la mesita de noche… voy a anotar… anotar… ¿qué cosa voy
a anotar?…
Repentinamente sintió un vértigo, una
caída onírica y sobresaltado volvió en sí mismo, con un papel hecho pelota en
una mano, un lápiz en la otra pero ahora no estaba en su habitación… no,
definitivamente esa no era su habitación…
